Subtitulado Una búsqueda épica de la verdad
Este es uno de esos libros que nunca me plantearía leer pero, como ha caído en mis manos y me lo han recomendado...
No soy especialmente aficionada al cómic. Probablemente sea porque no lo he trabajado en condiciones, claro, porque soy consciente de que hay cosas muy buenas. A mí, sacándome de Mortadelo y Asterix... poco más (porque odio a Tintín, así que por ahí no he pasado).
Hace unos días, pasó mi hermano por casa con este libro. Tenía la sanísima intención de devolvérselo a nuestro primo que se lo había prestado, Por circunstancias, estando aquí, hablamos con el propietario del libro que hizo el comentario más peligroso que me puede hacer nadie: "Venga, prima, quédatelo, te lo lees y ya me lo devuelves después"... ¡Y me lo quedé para leerlo!
El libro está muy interesante, la verdad. En cuanto uno lo empieza se da cuenta de por qué les ha gustado tanto a ellos: mi primo es matemático y mi hermano, informático. El protagonista del libro, que narra la historia de su vida y de su obra es.... tachán tachán... ¡Bertrand Russell! IMPRESIONANTE.
Hace unas semanas que el Sr. Russell y yo nos habíamos reconciliado desde mi examen de selectividad y ahora me vuelvo a encontrar con él en un nuevo libro.
El tema es francamente atrayente y hace trabajar a las neuronas sin que uno se dé cuenta. Como son dibujillos (con todos los respetos) parece que no es tan duro valorar el tema de la lógica, las matemáticas, las posibilidades de demostración de todo o de poder basarse en axionas que no necesiten demostración de ningún tipo...
Pasa, además por toda la política de finales del siglo XIX - principios del XX, terminando con Russell explicando cómo enfocar la Segunda Guerra Mundial. Analiza las implicaciones de la política en el pensamiento y el razonamiento. Parece que no debería de ser así, pero esas cosas siempre influyen en el desarrollo del pensamiento, tanto filosófico como matemático, siempre que uno sea capaz de distinguir entre uno y otro, lo que a veces no es nada sencillo.
Reconozco que el libro me ha gustado y me ha impactado y ha hecho cambiar mi visión del cómic. Además, es curioso porque los autores forman parte del cómic y de cómo se va generando... ¡está muy bien!
Y ahora, para cerrar, voy a citar a las Furias en la Orestiada, que es la escena final del libro, porque se me ha quedado grabado y me ha dado que pensar: "¡Que la disputa homicida nunca ruja en esta ciudad, ni la venganza aliente la guerra cruenta! ¡Que la tierra dé cosechas generosas y alegres! ¡Que la tierra reciente de frutos y los ciudadanos se regocijen y festejen bajo un sol brillante!... Sin olvidar rendir tributo a Hermes, dios de la suerte inesperada. ¡¡Alegraos, alegraos, ciudadanos felices, que amáis la sabiduría real!!"
lunes, 25 de febrero de 2013
jueves, 21 de febrero de 2013
La noche en que Frankenstein leyó el Quijote (Santiago Posteguillo)
¿A que le título promete? Pues, el libro, lo cumple. ¡Fantástico! Y tiene subtítulo La vida secreta de los libros (porque los libros tienen otras vidas)
Cuando vi el título en la revista del Círculo de Lectores... ¡me encantó! Y, después, al ver que el autor era Santiago Posteguillo, no me pude resistir. El año pasado leí su trilogía de Escipión y disfruté más que un crío en una piscina de bolas.
El libro es una recopilación de 24 anécdotas literarias sorprendentes. Recrea momentos de la vida de algunoa utores muy conocidos que nos pueden abrir un poco los ojos a su proceso creativo. Y lo hace novelándolo: recrea diálogos, situaciones... muy, pero que muy bien escrito.
Se lee de maravilla. Pasa desde explicarnos quién inventó el orden alfábetico (muchas gracias a Zenodoto, por cierto), hasta plantear cuál puede ser el futuro del libro electrónico, recorriendo la vida y la creación de libros muy conocidos, como Frankenstein, El señor de los anillos, la saga de Harry Potter o las novelas de Shakespeare.
No sé si he comentado alguna vez que mi libro favorito es El conde de Montecristo., por diferentes razones que no vienen al casao. Y en este libro he descubierto, con gran dolor de mi corazón, que Dumas no era la persona que a mí me hubiera gustado que fuera y que tenía un "negro" que le hacía los deberes y al que despreciaba profundamente y utilizaba de mala manera.
También dedica un capítulo a El pricipito. Ahí tengo que discrepar un poco con el autor. Sí, es un libro que está bien, que se lee bien, que vale para todos los públicos... pero para mí que está súper valorado. Y, que conste que Antoine de Saint-Exupéry me cae bien: yo no sabía que era un piloto muy experimentado, ni que había muerto en la guerra... Hace unos años, en la feria del libro, pasábamos por una caseta y le comenté a mi marido que me parecía que El principito era el libro más sobrevalorado de la literatura universal. Mi intención era que el comentario fuera solo para nosotros, pero me escuchó la señora que estaba en la caseta y... ¡sorprendentemente, me dio la razón!
El libro tiene un capítulo estupendo sobre la literatura en Irlanda, sobre todo en Dublín. Ya he comentado más veces que tengo "corresponsal" en Dublín. Laura, te tengo que pasar el capítulo porque puede que con algunas de las cosas puedas presumir... ¡es fantástico!
No soy capaz de decir qué capítulo me ha gustado más: son todos estupendos, de verdad: Dostoievski, El lazarillo de Tormes, Jane Austen, Franz Kafka,... Y, como tanto los autores como los libros son muy conocidos y a todos les había leído, lo he disfruta enormemente.
Es un libro muy recomendable, pero mucho, que se lee en un ratito y que permite aprender muchísimas cosas.
Cuando vi el título en la revista del Círculo de Lectores... ¡me encantó! Y, después, al ver que el autor era Santiago Posteguillo, no me pude resistir. El año pasado leí su trilogía de Escipión y disfruté más que un crío en una piscina de bolas.
El libro es una recopilación de 24 anécdotas literarias sorprendentes. Recrea momentos de la vida de algunoa utores muy conocidos que nos pueden abrir un poco los ojos a su proceso creativo. Y lo hace novelándolo: recrea diálogos, situaciones... muy, pero que muy bien escrito.
Se lee de maravilla. Pasa desde explicarnos quién inventó el orden alfábetico (muchas gracias a Zenodoto, por cierto), hasta plantear cuál puede ser el futuro del libro electrónico, recorriendo la vida y la creación de libros muy conocidos, como Frankenstein, El señor de los anillos, la saga de Harry Potter o las novelas de Shakespeare.
No sé si he comentado alguna vez que mi libro favorito es El conde de Montecristo., por diferentes razones que no vienen al casao. Y en este libro he descubierto, con gran dolor de mi corazón, que Dumas no era la persona que a mí me hubiera gustado que fuera y que tenía un "negro" que le hacía los deberes y al que despreciaba profundamente y utilizaba de mala manera.
También dedica un capítulo a El pricipito. Ahí tengo que discrepar un poco con el autor. Sí, es un libro que está bien, que se lee bien, que vale para todos los públicos... pero para mí que está súper valorado. Y, que conste que Antoine de Saint-Exupéry me cae bien: yo no sabía que era un piloto muy experimentado, ni que había muerto en la guerra... Hace unos años, en la feria del libro, pasábamos por una caseta y le comenté a mi marido que me parecía que El principito era el libro más sobrevalorado de la literatura universal. Mi intención era que el comentario fuera solo para nosotros, pero me escuchó la señora que estaba en la caseta y... ¡sorprendentemente, me dio la razón!
El libro tiene un capítulo estupendo sobre la literatura en Irlanda, sobre todo en Dublín. Ya he comentado más veces que tengo "corresponsal" en Dublín. Laura, te tengo que pasar el capítulo porque puede que con algunas de las cosas puedas presumir... ¡es fantástico!
No soy capaz de decir qué capítulo me ha gustado más: son todos estupendos, de verdad: Dostoievski, El lazarillo de Tormes, Jane Austen, Franz Kafka,... Y, como tanto los autores como los libros son muy conocidos y a todos les había leído, lo he disfruta enormemente.
Es un libro muy recomendable, pero mucho, que se lee en un ratito y que permite aprender muchísimas cosas.
lunes, 18 de febrero de 2013
Los desorientados (Amin Maalouf)
Otro de los libros que me trajeron los Reyes (¡hay que ver qué juego me dan a mí los Reyes Magos!).
Soy una auténtica fan de Amin Maalouf, esa es la verdad. Y, cuando vi que había sacado un libro nuevo, tuve que ir a por él de cabeza.
Y no me ha defraudado en absoluto. Cuando uno lee a Amin Maalouf debe saber a qué se enfrenta. Un hombre nacido en el Líbano, cristiano, emigrado a Francia... todo eso se trasluce, y mucho, en sus obras. Porque, claro, no es lo mismo estudiar una carrera en cualquier universidad en España, con todo lo que conlleva ser universitario, que estudiar en Líbano: esos estudiantes tenían mucho más que "comentar" que nosotros...
El libro es delicioso de leer, de verdad. Es de los que le gustan a mi marido: no pasa casi nada. Cuenta la historia de un grupo de amigos de juventud que se enfrentan a unas circunstancias que les pueden llevar a reunirse de nuevo después de casi 20 años. Va contando sus diferentes historias y está tan bien escrito que da pena cerrar el libro cuando llega el metro a la estación o cuando se cierran los ojos por la noche en la cama.
Me resulta curioso, además porque empieza la historia un 20 de abril. Bien, puede ser una fecha como otra cualquiera pero, curiosamente, también un 20 de abril de 1889 nació Hitler. Y también el 20 de abril de 1990 es el título de una canción de Celtas Cortos que, sin ser mis músicos favoritos, es una canción muy agradable. ¿Y qué más da que sea 20 de abril? Pues es que, para mí, el 20 de abril es un día importante: es el cumple de mi mami... Por eso me llama tanto la atención que sea una fecha que aparece en tantos sitios.
A lo largo de la historia se hace un canto a la amistad maravilloso. De momento, el autor dice que "Un amigo de juventud es como un hermano adoptivo. Puedes arrepentirte de haberlo adoptado pero ya no puedes desadoptarlo".
También presenta al protagonista, uno de los amigos, con una filosofía de vida curiosa. Con algunas cosas se puede estar de acuerdo, con otras no, pero no cabe duda de que desprende una serenidad que nos gustaría tener a todos. Algunas de sus reflexiones son muy interesanets: "Aunque haya que cumplir con las tareas penosas cuando se presentan, tampoco es cosa de salir corriendo a su encuentro. Así que haré lo que hacían antaño los romanos más prudentes: comtemporizar". Me encanta porque es una de mis frases recurrentes: hay que contemporizar...
Los personajes son estupendos. Eso sí, yo he tenido muchos amigos en la universidad y hemos sido mucho más aburridos. En este grupo cada uno vive en un extremo del mundo, profesa una religión diferente, unos son practicantes (alguno excesivamente ortodoxo) y otros solo saben que tienen una especie de fe, unos se han hecho muy ricos y otros desprecian la riqueza, algunos viven nadando en la política y otros la aborrecen y prefieren dedicarse al estudio... ¡Son un grupo genial!
No me alargo más. Es un libro francamente agradable de leer. Y, como siempre que puedo, quiero terminar con otra de las reflexiones de nuestro prota, nuestro profesor de historia: "Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación".
Soy una auténtica fan de Amin Maalouf, esa es la verdad. Y, cuando vi que había sacado un libro nuevo, tuve que ir a por él de cabeza.
Y no me ha defraudado en absoluto. Cuando uno lee a Amin Maalouf debe saber a qué se enfrenta. Un hombre nacido en el Líbano, cristiano, emigrado a Francia... todo eso se trasluce, y mucho, en sus obras. Porque, claro, no es lo mismo estudiar una carrera en cualquier universidad en España, con todo lo que conlleva ser universitario, que estudiar en Líbano: esos estudiantes tenían mucho más que "comentar" que nosotros...
El libro es delicioso de leer, de verdad. Es de los que le gustan a mi marido: no pasa casi nada. Cuenta la historia de un grupo de amigos de juventud que se enfrentan a unas circunstancias que les pueden llevar a reunirse de nuevo después de casi 20 años. Va contando sus diferentes historias y está tan bien escrito que da pena cerrar el libro cuando llega el metro a la estación o cuando se cierran los ojos por la noche en la cama.
Me resulta curioso, además porque empieza la historia un 20 de abril. Bien, puede ser una fecha como otra cualquiera pero, curiosamente, también un 20 de abril de 1889 nació Hitler. Y también el 20 de abril de 1990 es el título de una canción de Celtas Cortos que, sin ser mis músicos favoritos, es una canción muy agradable. ¿Y qué más da que sea 20 de abril? Pues es que, para mí, el 20 de abril es un día importante: es el cumple de mi mami... Por eso me llama tanto la atención que sea una fecha que aparece en tantos sitios.
A lo largo de la historia se hace un canto a la amistad maravilloso. De momento, el autor dice que "Un amigo de juventud es como un hermano adoptivo. Puedes arrepentirte de haberlo adoptado pero ya no puedes desadoptarlo".
También presenta al protagonista, uno de los amigos, con una filosofía de vida curiosa. Con algunas cosas se puede estar de acuerdo, con otras no, pero no cabe duda de que desprende una serenidad que nos gustaría tener a todos. Algunas de sus reflexiones son muy interesanets: "Aunque haya que cumplir con las tareas penosas cuando se presentan, tampoco es cosa de salir corriendo a su encuentro. Así que haré lo que hacían antaño los romanos más prudentes: comtemporizar". Me encanta porque es una de mis frases recurrentes: hay que contemporizar...
Los personajes son estupendos. Eso sí, yo he tenido muchos amigos en la universidad y hemos sido mucho más aburridos. En este grupo cada uno vive en un extremo del mundo, profesa una religión diferente, unos son practicantes (alguno excesivamente ortodoxo) y otros solo saben que tienen una especie de fe, unos se han hecho muy ricos y otros desprecian la riqueza, algunos viven nadando en la política y otros la aborrecen y prefieren dedicarse al estudio... ¡Son un grupo genial!
No me alargo más. Es un libro francamente agradable de leer. Y, como siempre que puedo, quiero terminar con otra de las reflexiones de nuestro prota, nuestro profesor de historia: "Más vale equivocarse en la esperanza que acertar en la desesperación".
lunes, 11 de febrero de 2013
El abuelo que saltó por la ventana y se largó (Jonas Jonasson)
Ya he vuelto a leer algo que está de moda y que está leyendo medio mundo. Voy a tener que dejar de decir que va contra mis principios...
Pero lo cierto es que el libro está muy requetebién.
El protagonista principal, Allan Karlsson, el abuelillo es genial. Ya es importante decidir que te largas por la ventana cuando están a punto de hacerte una mega-fiesta de cumpleaños porque eres centenario. ¡Pero es que tiene una vida alucinante! En sus 100 años de vida le ha pasado de todo: ha estado en un psiquiátrico, ha conocido a la mayoría de los líderes políticos mundiales, ha viajado por todas partes, ha trabajado de espía,...
Y todo es un cúmulo de despropósitos. ¡Le pasa cada cosa! Y está todo muy bien hilvanado. Por muy esperpéntico que sea lo que pasa (que lo es casi todo), parece que tiene muchísimo sentido y que es la única manera que tiene la historia de continuar.
La verdad es que, si quisiera ser coherente, sensato y razonable, el autor nó podría haber diseñado los personajes que aparecen y las situaciones en las que se involucran.
Por otro lado, en clave de humor permanente, hay una crítica política importante (o yo lo he visto así). Ridiculiza casi todas las ideologías cuando describe a los líderes que las defienden a muerte y demuestra que los políticos pueden "entrar al trapo" de cualquier cosa cuando ven que pueden perder fuerza, poder, influencia o cualquier cosa que sea que tengan para mantenerse donde están.
Y también demuestra cómo se pueden tergiversar las cosas para que parezca que no han pasado de una forma concreta. Más nos vale a todos que nadie pretenda culparnos de nada, porque con la inestimable participación de los poderes fácticos iríamos a la cárcel a la primera de cambio. Sin querer desvelar lo que pasa en el libro (porque alguno lo leerá), parece mentira que la culpable de todo sea Kikki, la perra policía...
La filosofía del prota, por otra parte, es más que fantástica y tengo que dejar alguna de las perlas de su pensamiento:
"La venganza no es buena consejera. Es como la política: una cosa lleva a la otra y al final lo malo se convierte en peor y lo peor en nefasto."
"Si algo había aprendido era que los conflictos más importantes e irresolubles solían surgir de un 'tú eres idiota - no, tú sí que eres idiota - no, el idiota eres tú".
"Así funcionaban las cosas en la visa: lo correcto no era necesariamente lo correcto, sino lo que el que mandaba decía que era lo correcto."
"No pudo dejar de pensar en que la mayor parte de las veces es innecesario mostrarse arisco cuando, encima, se tiene la posibilidad de no serlo"
Es una lectura muy recomendable. No se puede uno borrar la sonrisa de la cara y, cuando parece que no puede pasar nada más raro... ¡ahí llega!
Además, hay que respetar a un hombre que se pasa más de 10 años de vacaciones permanentes, tumbado en la playa, levantándose solo para ir a dormir... ¡Eso es un hombre y lo demás, tonterías!
En fin, que como dice nusetro amigo Allan Karsson, "será como tiene que ser, porque es como suele ser. De hecho, casi siempre es así".
Pero lo cierto es que el libro está muy requetebién.
El protagonista principal, Allan Karlsson, el abuelillo es genial. Ya es importante decidir que te largas por la ventana cuando están a punto de hacerte una mega-fiesta de cumpleaños porque eres centenario. ¡Pero es que tiene una vida alucinante! En sus 100 años de vida le ha pasado de todo: ha estado en un psiquiátrico, ha conocido a la mayoría de los líderes políticos mundiales, ha viajado por todas partes, ha trabajado de espía,...
Y todo es un cúmulo de despropósitos. ¡Le pasa cada cosa! Y está todo muy bien hilvanado. Por muy esperpéntico que sea lo que pasa (que lo es casi todo), parece que tiene muchísimo sentido y que es la única manera que tiene la historia de continuar.
La verdad es que, si quisiera ser coherente, sensato y razonable, el autor nó podría haber diseñado los personajes que aparecen y las situaciones en las que se involucran.
Por otro lado, en clave de humor permanente, hay una crítica política importante (o yo lo he visto así). Ridiculiza casi todas las ideologías cuando describe a los líderes que las defienden a muerte y demuestra que los políticos pueden "entrar al trapo" de cualquier cosa cuando ven que pueden perder fuerza, poder, influencia o cualquier cosa que sea que tengan para mantenerse donde están.
Y también demuestra cómo se pueden tergiversar las cosas para que parezca que no han pasado de una forma concreta. Más nos vale a todos que nadie pretenda culparnos de nada, porque con la inestimable participación de los poderes fácticos iríamos a la cárcel a la primera de cambio. Sin querer desvelar lo que pasa en el libro (porque alguno lo leerá), parece mentira que la culpable de todo sea Kikki, la perra policía...
La filosofía del prota, por otra parte, es más que fantástica y tengo que dejar alguna de las perlas de su pensamiento:
"La venganza no es buena consejera. Es como la política: una cosa lleva a la otra y al final lo malo se convierte en peor y lo peor en nefasto."
"Si algo había aprendido era que los conflictos más importantes e irresolubles solían surgir de un 'tú eres idiota - no, tú sí que eres idiota - no, el idiota eres tú".
"Así funcionaban las cosas en la visa: lo correcto no era necesariamente lo correcto, sino lo que el que mandaba decía que era lo correcto."
"No pudo dejar de pensar en que la mayor parte de las veces es innecesario mostrarse arisco cuando, encima, se tiene la posibilidad de no serlo"
Es una lectura muy recomendable. No se puede uno borrar la sonrisa de la cara y, cuando parece que no puede pasar nada más raro... ¡ahí llega!
Además, hay que respetar a un hombre que se pasa más de 10 años de vacaciones permanentes, tumbado en la playa, levantándose solo para ir a dormir... ¡Eso es un hombre y lo demás, tonterías!
En fin, que como dice nusetro amigo Allan Karsson, "será como tiene que ser, porque es como suele ser. De hecho, casi siempre es así".
jueves, 31 de enero de 2013
La conquista de la felicidad (Bertrand Russell)
¿Qué hago yo leyendo un libro de Bertrand Russell? No sé, la verdad. Empecé el libro porque estaba en el e-book y... ¿por qué no?
Bertrand Russell y yo tuvimos una experiencia mística el día de mi examen de selectividad. El curso 83/84, año en el que yo estudié COU, entraban en selectividad 10 filósofos entre los que se encontraba Bertrand Russell pero no Santo Tomás de Aquino. Mi profesor de filosofía, fray Fernando Fragoso, tomista de la cabeza a los pies, se negó a que nos saltáramos a Santo Tomás y nos comentó que Bertrand Russell era más matemático que filósofo (cierto, por otra parte) y que seguro que no caía. Por supuesto, me cayó y tuve que elegir San Agustín, que era mi otra opción y que, afortunadamente, llevaba muy bien (que yo siempre he sido muy aplicada).
El libro me ha gustado mucho. Está escrito en lenguaje poco filosófico, es decir, para torpes como yo que de conceptos filosóficos entendemos lo justito.
Hace un análisis de por qué el hombre no es feliz y de cómo podría llegar a serlo. Pero es muy "de andar por casa". Vaya, que las cosas que recomienda para ser feliz y las cosas que dice que hacen desgraciadas a las personas, son las cosas con las que convivimos diariamente y no sorprenden a nadie.
El prólogo del libro es de Fernando Savater y no hay despreciarlo en absoluto. es muy agradable de leer y dice cosas como: "Nunca ha estado del todo claro si el secreto de la felicidad consiste en no ser completamente imbécil o en serlo".
He subrayado casi medio libro porque hay frases que son verdades como puños (o a mí me lo parecen, claro). Además, algunas son hasta simpáticas: "Las personas que son desdichadas, como las que duermen mal, siempre se enorgullecen de ello". Eso es una realidad: todos conocemos a gente que solo consigue dormir una horita por las noches (excepto cuando está en tu casa, que no se despierta en toda la noche) y gente que nunca lo está pasando bien y siempre tiene problemas, reales o ficticios..
Da una buena definición del hombre feliz: "El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que es libre en sus afectos y tiene amplios intereses, el que se asegura la felicidad por medio de estos intereses y afectos que, a su vez, le convierten a él en objeto del interés y el afecto de otros muchos".
Me sorprende cómo trata el tema porque es algo muy subjetivo y lo plantea objetivamente como si fuera sencillo. Cada uno podríamos poner encima de la mesa lo que pensamos que es la felicidad y no coincidiríamos casi ninguno (a excepción de los copiones que utilizan lo que han dicho antes que ellos). Pero mientras se va leyendo el libro, uno se da cuenta de que lleva razón, ser feliz no es tan complicado.
Plantea también cuestiones para reflexionar un poquito: "Una parte indispensable de la felicidad es carecer de algunas de las cosas que se desean". Y seguro que alguna vez hemos dicho eso de "lo tiene todo, no tiene ilusión por nada y está amargado"...
Nos deja claro que parte de la felicidad depende de nosotros mismos y no puedo cerrar sin citar una de las cosas que más me ha llamado la atención: "Nadie ha ganado nunca nada perdiendo el respeto a sí mismo". Interesante, ¿verdad?
Termino ya. Un libro para leer con tranquilidad e incluso para releer en algún momento.. Es cortito, con un lenguaje sencillo para todos los públicos, que llega muy dentro y hace reflexionar sin que nos tenga que salir humo de la cabeza.
Sr. Russell, creo que ya le he perdonado su jugarreta del examen de selectividad.
Bertrand Russell y yo tuvimos una experiencia mística el día de mi examen de selectividad. El curso 83/84, año en el que yo estudié COU, entraban en selectividad 10 filósofos entre los que se encontraba Bertrand Russell pero no Santo Tomás de Aquino. Mi profesor de filosofía, fray Fernando Fragoso, tomista de la cabeza a los pies, se negó a que nos saltáramos a Santo Tomás y nos comentó que Bertrand Russell era más matemático que filósofo (cierto, por otra parte) y que seguro que no caía. Por supuesto, me cayó y tuve que elegir San Agustín, que era mi otra opción y que, afortunadamente, llevaba muy bien (que yo siempre he sido muy aplicada).
El libro me ha gustado mucho. Está escrito en lenguaje poco filosófico, es decir, para torpes como yo que de conceptos filosóficos entendemos lo justito.
Hace un análisis de por qué el hombre no es feliz y de cómo podría llegar a serlo. Pero es muy "de andar por casa". Vaya, que las cosas que recomienda para ser feliz y las cosas que dice que hacen desgraciadas a las personas, son las cosas con las que convivimos diariamente y no sorprenden a nadie.
El prólogo del libro es de Fernando Savater y no hay despreciarlo en absoluto. es muy agradable de leer y dice cosas como: "Nunca ha estado del todo claro si el secreto de la felicidad consiste en no ser completamente imbécil o en serlo".
He subrayado casi medio libro porque hay frases que son verdades como puños (o a mí me lo parecen, claro). Además, algunas son hasta simpáticas: "Las personas que son desdichadas, como las que duermen mal, siempre se enorgullecen de ello". Eso es una realidad: todos conocemos a gente que solo consigue dormir una horita por las noches (excepto cuando está en tu casa, que no se despierta en toda la noche) y gente que nunca lo está pasando bien y siempre tiene problemas, reales o ficticios..
Da una buena definición del hombre feliz: "El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que es libre en sus afectos y tiene amplios intereses, el que se asegura la felicidad por medio de estos intereses y afectos que, a su vez, le convierten a él en objeto del interés y el afecto de otros muchos".
Me sorprende cómo trata el tema porque es algo muy subjetivo y lo plantea objetivamente como si fuera sencillo. Cada uno podríamos poner encima de la mesa lo que pensamos que es la felicidad y no coincidiríamos casi ninguno (a excepción de los copiones que utilizan lo que han dicho antes que ellos). Pero mientras se va leyendo el libro, uno se da cuenta de que lleva razón, ser feliz no es tan complicado.
Plantea también cuestiones para reflexionar un poquito: "Una parte indispensable de la felicidad es carecer de algunas de las cosas que se desean". Y seguro que alguna vez hemos dicho eso de "lo tiene todo, no tiene ilusión por nada y está amargado"...
Nos deja claro que parte de la felicidad depende de nosotros mismos y no puedo cerrar sin citar una de las cosas que más me ha llamado la atención: "Nadie ha ganado nunca nada perdiendo el respeto a sí mismo". Interesante, ¿verdad?
Termino ya. Un libro para leer con tranquilidad e incluso para releer en algún momento.. Es cortito, con un lenguaje sencillo para todos los públicos, que llega muy dentro y hace reflexionar sin que nos tenga que salir humo de la cabeza.
Sr. Russell, creo que ya le he perdonado su jugarreta del examen de selectividad.
lunes, 28 de enero de 2013
Gracias, Jeeves (P.G. Wodehouse)
No tengo ni la menor idea de por qué me he leído este libro. Quizá porque no había leído nada de este autor y sabía que era relativamente cómico, con lo que debería ser interesante para pasar el rato en el metro y olvidar un poco los jaleos del día a día.
Y está muy entretenido, la verdad. Es muy irónico y muy "esperpéntico" si se puede utilizar esa palabra, con el permiso de D. Ramón del Valle Inclán.
El libro está narrado en primera persona por Bertram Wooster, típico inglés con mayordmo: Jeeves. El único que sabe algo del mundo es el mayordomo y es el que termina solucionando todos los problemas, sean los que sean. Eso sí, se niega a seguir trabajando al servicio del Sr. Wooster si este último no deja de tocar el banjo... ¡ojo al dato! Como el citado caballero inglés se niega a dejar de practicar con un instrumento con el que "parece que llevas semanas enteras amargando la vida a tus vecinos con no sé qué abominable instrumento musical", Jeeves deja de trabajar para él pero se marcha con su mejor amigo del colegio.
Todo se convierte en un cúmulo de despropósitos porque Marmaduke (que es el nombrecito del amigo) se enamora de la antigua novia de Bertram... ¡una locura! Pero, por supuesto, todo muy fino, muy delicado y con muchas tazas de té por medio... Baste decir que el pijama de nuestro prota es color heliotropo. Y, que un hombre sea capaz de decir eso de un color... ¡tela marinera!
A pesar de ser un libro absolutamente irónico, dice algunas cosas muy interesantes. El prota, Bertie dice en una ocasión: "Cuantos más años tengo, ¿entienden?, más me convenzo de que la gran cosa en la vida es saber bien lo que se quiere hacer, y hacerlo a pesar de todos los tipos que se empeñen en creer que ellos entienden mejor que uno lo que a uno le conviene." Esto, seguro, seguro que a todos se nos ha pasado por la cabeza más de una, más de dos y más de tres veces a lo largo de nuestra (aún muy corta) existencia.
También es curioso como habla del poli de la novela, el sargento Voules: "Aquel Voules era de uan estructura semejante a la de Albert Hall: mucha dimensión por el medio y muy poca cosa por arriba". Me ha parecido una comparación fantástica... También tiene un sofá como el de la consulta de un endocrino al que yo estuve yendo un tiempo (y que, viéndome a mí no era muy bueno en su trabajo): "Sí, un sofá contemporáneo de Noé. Desembarcó con él en el Monte Ararat".
Para terminar, dejo un mini diálogo entre Jeeves y su señor, que expresa perfectaemnte la trama de la novela:
- Lo sospecho, señor. Es lamentable.
- ¿No puede definirlo de otro modo?
- Sí, señor. Como muy lamentable.
Es una novela muy divertida, con momentos en los que no se puede evitar la mini carcajada, suficiente para que la gente que va en el metro piense, con razón, que ando un poco "de aquella manera". Claro que... ¿a mí qué?
Y está muy entretenido, la verdad. Es muy irónico y muy "esperpéntico" si se puede utilizar esa palabra, con el permiso de D. Ramón del Valle Inclán.
El libro está narrado en primera persona por Bertram Wooster, típico inglés con mayordmo: Jeeves. El único que sabe algo del mundo es el mayordomo y es el que termina solucionando todos los problemas, sean los que sean. Eso sí, se niega a seguir trabajando al servicio del Sr. Wooster si este último no deja de tocar el banjo... ¡ojo al dato! Como el citado caballero inglés se niega a dejar de practicar con un instrumento con el que "parece que llevas semanas enteras amargando la vida a tus vecinos con no sé qué abominable instrumento musical", Jeeves deja de trabajar para él pero se marcha con su mejor amigo del colegio.
Todo se convierte en un cúmulo de despropósitos porque Marmaduke (que es el nombrecito del amigo) se enamora de la antigua novia de Bertram... ¡una locura! Pero, por supuesto, todo muy fino, muy delicado y con muchas tazas de té por medio... Baste decir que el pijama de nuestro prota es color heliotropo. Y, que un hombre sea capaz de decir eso de un color... ¡tela marinera!
A pesar de ser un libro absolutamente irónico, dice algunas cosas muy interesantes. El prota, Bertie dice en una ocasión: "Cuantos más años tengo, ¿entienden?, más me convenzo de que la gran cosa en la vida es saber bien lo que se quiere hacer, y hacerlo a pesar de todos los tipos que se empeñen en creer que ellos entienden mejor que uno lo que a uno le conviene." Esto, seguro, seguro que a todos se nos ha pasado por la cabeza más de una, más de dos y más de tres veces a lo largo de nuestra (aún muy corta) existencia.
También es curioso como habla del poli de la novela, el sargento Voules: "Aquel Voules era de uan estructura semejante a la de Albert Hall: mucha dimensión por el medio y muy poca cosa por arriba". Me ha parecido una comparación fantástica... También tiene un sofá como el de la consulta de un endocrino al que yo estuve yendo un tiempo (y que, viéndome a mí no era muy bueno en su trabajo): "Sí, un sofá contemporáneo de Noé. Desembarcó con él en el Monte Ararat".
Para terminar, dejo un mini diálogo entre Jeeves y su señor, que expresa perfectaemnte la trama de la novela:
- Lo sospecho, señor. Es lamentable.
- ¿No puede definirlo de otro modo?
- Sí, señor. Como muy lamentable.
Es una novela muy divertida, con momentos en los que no se puede evitar la mini carcajada, suficiente para que la gente que va en el metro piense, con razón, que ando un poco "de aquella manera". Claro que... ¿a mí qué?
lunes, 21 de enero de 2013
El sí de las niñas (Leandro Fernández de Moratín)
Por fin mis hijos tienen que leer algo que me gusta... Al mayor le han pedido que se lea este libro para luego responder una serie de cuestiones. Yo lo pensaba leer de todas maneras pero me ha pedido de rodillitas y con los brazos en cruz que me lo lea porque quiere que se lo traduzca a un lenguaje normal: dice que no ha entendido nada... ¡Qué cosas!
Y para responder a unas preguntas, nos lo hemos tenido que estudiar a fondo.
Lo cierto es que el libro lo merece. Yo lo he leído un montón de veces. Era recurrente en el cole y, además, lo leíamos en alto, como si lo estuviéramos representando. Unas cuantas veces me tocó ser Doña Irene (por la cosa de que hablo mucho y muy deprisa y soy capaz de no decir nada de nada en media hora que pueda estar hablando).
A mí me encanta el personaje de Don Diego. Es un hombre entrañable. Con sus 59 años pretende casarse con Paquita que acaba de cumplir 16... Pero el hombre es una bellísima persona. Él solo pretende tener una vejez tranquila y no espera contar con alguien que le ame apasionadamente, sino con una mujer que se encargue de ciudar la casa y los posibles críos que pueda tener y que le dé conversación... poco más. Y se da cuenta de que no es lo mejor para la chiquilla. No quiere perjudicarla para nada. Es una persona que se deja querer.
Pero... ¿y Doña Irene? ¡Vaya con la señora! Mete a la niña en un convento para que reciba una educación sin mancha y luego la casa con un tío con dinero para cubrir sus propias necesidades. Y, sí, le pasa lo que a mí, que siempre tiene algo que decir, aunque no venga muy a cuento. Es un personaje súper divertido. A mi modo de ver, el mejor trabajado psicológicamente. Yo me la puedo imaginar, con un pañuelito en la mano y cara de pena, alabando las virtudes de la niña y pidiendo las sales porque algo le ha sentado mal.
De Paquita poco tengo que decir porque es sosita, pobrecita ella. Hay gente más salada y genet más sosa y a ella le ha tocado salir perdiendo. Será muy mona, muy virtuosa y muy obediente, pero es muy sosa.
También están estupendos los criados, sobre todo Rita y Calamocha y los dobles sentidos con los que se hablan. Parece mentira que los nobles dieran tantas vueltas a la delicadeza y los criados utilizaran un lenguaje tan rico con tantos dobleces en el significado.
No me quiero extender (frase recurrente en todas las entradas del blog). Es un libro estupendísimo, que se lee rápido y muy bien y que, además, tiene una moraleja interesante.
Y, cuando se termina la lectura, una da gracias y más gracias porque la situación de la juventud, sobre todo de las chicas, haya cambiado desde entonces.
Y para responder a unas preguntas, nos lo hemos tenido que estudiar a fondo.
Lo cierto es que el libro lo merece. Yo lo he leído un montón de veces. Era recurrente en el cole y, además, lo leíamos en alto, como si lo estuviéramos representando. Unas cuantas veces me tocó ser Doña Irene (por la cosa de que hablo mucho y muy deprisa y soy capaz de no decir nada de nada en media hora que pueda estar hablando).
A mí me encanta el personaje de Don Diego. Es un hombre entrañable. Con sus 59 años pretende casarse con Paquita que acaba de cumplir 16... Pero el hombre es una bellísima persona. Él solo pretende tener una vejez tranquila y no espera contar con alguien que le ame apasionadamente, sino con una mujer que se encargue de ciudar la casa y los posibles críos que pueda tener y que le dé conversación... poco más. Y se da cuenta de que no es lo mejor para la chiquilla. No quiere perjudicarla para nada. Es una persona que se deja querer.
Pero... ¿y Doña Irene? ¡Vaya con la señora! Mete a la niña en un convento para que reciba una educación sin mancha y luego la casa con un tío con dinero para cubrir sus propias necesidades. Y, sí, le pasa lo que a mí, que siempre tiene algo que decir, aunque no venga muy a cuento. Es un personaje súper divertido. A mi modo de ver, el mejor trabajado psicológicamente. Yo me la puedo imaginar, con un pañuelito en la mano y cara de pena, alabando las virtudes de la niña y pidiendo las sales porque algo le ha sentado mal.
De Paquita poco tengo que decir porque es sosita, pobrecita ella. Hay gente más salada y genet más sosa y a ella le ha tocado salir perdiendo. Será muy mona, muy virtuosa y muy obediente, pero es muy sosa.
También están estupendos los criados, sobre todo Rita y Calamocha y los dobles sentidos con los que se hablan. Parece mentira que los nobles dieran tantas vueltas a la delicadeza y los criados utilizaran un lenguaje tan rico con tantos dobleces en el significado.
No me quiero extender (frase recurrente en todas las entradas del blog). Es un libro estupendísimo, que se lee rápido y muy bien y que, además, tiene una moraleja interesante.
Y, cuando se termina la lectura, una da gracias y más gracias porque la situación de la juventud, sobre todo de las chicas, haya cambiado desde entonces.
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